La timidez lo llevó a esconderse detrás de los dos elementos que lo han caracterizado durante años: la melena y la guitarra. Con el pelo sobre la cara, Slash ocultó sus constantes gestos de inseguridad y evitó cualquier contacto visual que delatara el pánico que siempre les ha tenido a las aglomeraciones a su alrededor. Con el instrumento disimuló sus complejos y puso al público a ver que en esa figura había talento, entrega, pasión y, obvio, una dosis considerable de rock. Intentó, con la ayuda de estos cómplices especiales, pasar desapercibido, esconderse de la exhibición, y lo que hizo fue potencializar su imagen y convertirse en un emblema musical.

En el espectro sonoro conformado por guitarras, bajos, baterías y teclados, el número de contradicciones es muy superior al listado de números uno por semana o por mes. Antes, en la música, en los tiempos en los que Slash y un cantante llamado Axl Rose comandaban una corte poderosa resumida en tres palabras, Guns N’ Roses, había más estrellas con actitudes polémicas que discos de oro y de platino. Ahora la situación es distinta, porque la crisis en este modelo de industria bajó el listón y los reconocimientos con platinos, oros y doble platinos pueden ser constantes, como un solo de guitarra eléctrica.

Slash pertenece a esa estirpe de figuras que no hacen parte del común y que, de un lustro para acá, se denominan políticamente incorrectas. Mientras sus compañeros de estudios pensaban en la ternura de los mamíferos y la belleza colorida de las aves, el inocente Saul Hudson (el verdadero nombre del guitarrista de rock) creía en el encanto de las víboras y en su poder de seducción. Incluso, durante sus años de juventud las perseguía en los bosques de Londres para confirmar que no estaba equivocado y que realmente eran magníficas, bellas y atractivas.

“Fui propietario de un par de serpientes venenosas. Recuerdo que una de ellas se escapó un día y asustó a toda la familia. Otra vez, Izzy Stradlin (el guitarrista rítmico de la banda Guns N’ Roses) y yo atrapamos una cascabel de tres metros y medio. Fue una experiencia brutal. Quería que fuera a vivir a mi casa, pero en ese tiempo vivíamos con Axl Rose y más dos anacondas no podían estar en el mismo lugar. Así que la dejé ir”, comentó entre risas Slash cuando le preguntaron por algunas de sus extravagancias.

Pero además de sus actitudes y comentarios inusuales, y de ufanarse de que jamás pensó que el rock le fuera tan útil para conquistar mujeres y degustar cualquier tipo de sustancias químicas, este guitarrista es emblemático porque sabe consentir su instrumento y tiene el poder para que se transforme en un poderoso medio de divulgación de emociones, ideologías y sentimientos.

En bandas como Road Crew, Guns N’ Roses, Slash’s Snakepit y Velvet Revolver, Slash marcó el derrotero de la propuesta. Lo mismo sucedió en proyectos mucho más íntimos como Slash & Friends y Slash’s Blues Ball, así como en sus colaboraciones al lado de figuras de la talla de Brian May, Bob Dylan, Lenny Kravitz, Queen, Steven Tyler, Joe Perry, Ozzy Osbourne, Carole King, Rolling Stones y Black Eyed Peas.

Lo que pasa con Slash es que siempre deja huella, y no es sólo por su melena y su sombrero de copa, accesorio que ha tratado de registrar como propio en el rock pesado, sino porque tiene estilo, se arriesga a ser él mismo, y lo consigue tanto en la vida privada como sobre el escenario y en los estudios de grabación sin recurrir a roles extremos y ajenos, ni a posturas convencionales.

“Comencé a tocar la guitarra en completa ignorancia, porque quería hacer sonar un instrumento orientado hacia el rock. No sabía qué diferencia existía entre un bajo y una guitarra. Yo elegiría la viola porque tiene más cuerdas, pero me quedé con la guitarra eléctrica”, dice Slash detrás de su melena y de su instrumento.

Un personaje como él necesitaba un complemento singular, y a lo largo de sus cinco décadas de existencia encontró a muchos cómplices que se sumaron a su causa, pero tal vez el único con el que encontró un pulso verdadero de poderes fue Axl Rose, cuyo nombre real es William Bruce Rose Jr. Aunque durante sus años de infancia, el chico rubio nacido en el estado de Indiana portó, con poco orgullo, eso sí, el apellido de su padrastro, L. Stephen Bailey.

Slash en la guitarra y Axl Rose en el piano y en la ejecución vocal empezaron a hacer masivo, a partir de la segunda mitad de la década de los 80, el nombre de la banda Guns N’ Roses. La canción Sweet Child O’Mine y la incontenible necesidad de presentarse en vivo y de exponer sus líricas hicieron que su álbum debut, Appetite for Destruction (1987), lograra cifras importantes y que esos números estuvieran soportados por buenas críticas.

Este primer registro de estudio y los tres siguientes —G N’ R Lies (1988), Use Your Illusion I (1991) y Use Your Illusion II (1991)— cumplieron con el objetivo de expandir por los cinco continentes el rock en el estilo singular del dueto. Sobre el escenario brillaban las dos estrellas de la banda. Por un lado estaba el joven con la habilidad para arrastrar los pies de un lado para el otro mientras contoneaba su cuerpo de la cintura para arriba, y por el otro el punto de referencia era el hombre con facciones ocultas y dedos habilidosos.

En su clímax mayúsculo, la agrupación visitó Colombia en un hecho extraño para ese entonces, una época convulsionada por la guerra de los carteles de la droga, los racionamientos energéticos y otras características sociales que todavía sangran y duelen. Guns N’ Roses se presentó en noviembre de 1992 en el estadio El Campín, en Bogotá, demostrando que los rockeros que aparecían en las portadas de los acetatos y de los discos compactos existían, eran reales y estaban en la capital colombiana ignorando la mala imagen del país en el exterior y multiplicando la fama de sus nombres.

Axl Rose, Slash y el bajista y segunda voz del colectivo, Duff McKagan, tres de los integrantes más emblemáticos de Guns N’ Roses, estarán en el estadio Atanasio Girardot, en Medellín, el miércoles 23 de noviembre. La gira que arropa al país se llama Not In This Lifetime y para los fanáticos de antaño es un guiño a la nostalgia, es ver y escuchar, casi 25 años después, a los magos que los hicieron saltar hasta el cansancio. Los más jóvenes, por su parte, podrán testificar cuál es el verdadero sonido de la experiencia.

Guns N’ Roses en Colombia. Miércoles 23 de noviembre. Estadio Atanasio Girardot, Medellín. Información y boletería: www.tuboleta.com.

, Bienvenidos a la jungla, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/bienvenidos-jungla-articulo-666308, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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