“Un melodrama, en este momento, en blanco y negro, no es exactamente lo que puede decirse una dulzura comercial a los ojos de ningún ente financiero”, ironiza Ripstein, de 72 años. Según el realizador de “La calle de la amargura”, “el cine mexicano nunca tuvo interés en mostrar la cara más o menos verdadera de México: un país desgarrado y no la cara que nos gustaría tener”.

Admite, sin embargo que ello pueda estar cambiando gracias a directores jóvenes, entre los que cita a Amat Escalante y a su mentor, Carlos Reygadas, ambos autores de un cine crudo que de alguna forma le está emparentado.

Cineasta de la soledad de las almas, Ripstein fue discípulo de Luis Buñuel, con quien colaboró en muchas oportunidades hasta la muerte del genio español del surrealismo, en 1983. Varias de sus películas son consideradas como clásicos del cine mexicano, en particular “El castillo de la pureza” (1972), “El lugar sin límites” (1977) y “Cadena perpetua” (1978).

Los nuevos olvidados 

Como lo hiciera su maestro hace más de 65 años, en “La calle de la amargura” la cámara de Ripstein pone foco sobre seres marginales, héroes desconocidos o anónimos miserables, “olvidados” del siglo XXI que sobreviven en rincones oscuros en pleno centro del DF.

El filme cuenta la sórdida historia de dos viejas prostitutas. Una sufre de soledad y la otra tiene problemas con una hija adolescente y un marido travesti.
Dos luchadores enanos las contratan para celebrar una victoria en el ring. Las dos traman drogarlos para robarles el dinero que ganaron y los matan sin querer.
Filmada en blanco y negro, pasa del drama a la comedia en espacio de una réplica, que sus protagonistas disparan con delicioso gracejo chilango (del DF), demasiado florido para ser real, pero por sí solo una música.

Paz Alicia Garciadiego, guionista del filme y esposa de Ripstein, aclara que se trata de una opción estética barroca, deliberadamente no naturalista.
La idea del guión partió de un hecho real de la crónica policial de la capital. “La muerte de dos enanos gemelos en la misma cama, juntos como cuando nacieron, me pareció de una negrura infinita”, comenta la guionista.

“A medida que fui creando los personajes me fue ganando su humanidad. Tanto el de las putas como el de la madre, que de una manera perversa también es un personaje lleno de humanidad”, añade.

Melodrama reivindicado

Lo grotesco llama a la obvia referencia ‘felliniana’ en un filme que recuerda la atmósfera de películas del realismo francés de un Jean Renoir, que también exploró los bajos fondos.

“Yo me nutrí muchísimo de este tipo de cine cuando era un joven aprendiz”, dice Ripstein. “Para aprender el oficio, había que ir a ver las películas al cine: yo no fui a la escuela de cine porque no había”, explica. “El melodrama se ha ido desgastanto mucho por la dudosa calidad de los melodramas que hoy se llaman telenovelas”, apunta. Por eso, asegura, “hay que trabajarlos como comedia”.

Sus películas son financiadas la mitad por el Estado y el resto a través de coproducciones fuera de México. Estrenado en el Festival de Toronto hace un año, el filme fue presentado luego en España, Estados Unidos y en varios festivales europeos pero aún no halló distribuidor en Francia.

Ripstein se encuentra en París en el marco de “Viva México”, festival itinerante de “jornadas cinematográficas” con lo mejor de las últimas producciones de ficción (6) y documentales (4) de su país, presentadas del 55 al 11 de octubre en París antes de una gira en otras siete ciudades de Francia hasta fin de año.
Directores de la talla de Amat Escalante (“La región salvaje”, premiada con un León de Plata en Venecia, Diego Luna (“Mr Pig”) y Gustavo Sánchez Parra (“La delgada línea amarilla”) participan además de Ripstein en estas jornadas de cine. 

, Arturo Ripstein, un cine contra viento y marea, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/arturo-ripstein-un-cine-contra-viento-y-marea-articulo-658683, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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