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Adopta un Man nació en Francia hace casi nueve años. Fue creada por Florent Steiner y Manuel Conejo, dos amigos que se burlaron del cliché del príncipe a caballo y la princesa indefensa, y decidieron darle la espada a las mujeres. Existe en seis países de Europa y en el 2013 llegó a cuatro de Latinoamérica: México, Argentina, Brasil y Colombia. Adopta “un tío”, adopta “un chico”, adopta “um cara”, adopta “un man”. “Hombres objeto para mimar”, dice su slogan. (Lea también: Amor al primer “like”)

“Adoptar es una broma. No hay que tomarlo en serio”, dice Tassia Miller del Departamento internacional de marketing. “Las chicas se registran como clientas y eligen los chicos que pueden hablar con ellas. Los chicos se registran como productos, visitan los perfiles de sus clientas y les mandan saludos, pero solo podrán hablarles si ellas aceptan. Los “manes” para mimar viene por colecciones: barbudos, hípsters, bohemios, raperos o productos regionales. Las mujeres los escogen y, como en un supermercado, los meten en su carrito. Ahí, la compra está hecha y cualquiera de los dos puede iniciar la conversación. De los 12 millones de usuarios que tiene Adopta un Man en el mundo, la mitad son hombres y la otra mitad mujeres. El 40% de las veces, el primer saludo lo envían ellas. “No militamos como feministas, solo queremos reírnos de la sociedad e invertir los roles tradicionales de ambos sexos”, dice Tassia. (Lea: Amor al primer “like” (Segunda parte))

En Adopta un Man las mujeres toman la iniciativa. Scruff es una red social para hombres homosexuales. Tinder es una aplicación para encontrar personas que estén cerca. Cada una tiene un concepto propio, pero todas responden a la misma lógica. Son una especie de café virtual en el que los algoritmos reemplazan a esas personas preocupadas por emparejar sus amigos con otros amigos solteros. (Vea también: Amor al primer “like” (Tercera parte))

El filósofo Jesús Martín Barbero asegura que internet ha cambiado la forma de estar juntos. Y tiene razón. Se pueden comprar zapatos sin visitar una tienda, pagar recibos sin usar billetes, ver a alguien sin tenerlo enfrente y tener sexo sin tocarse. La vida moderna ha sido intervenida por el mundo digital y  sus dinámicas se han ido transformando. (Lea: Amor al primer “like” (Cuarta parte))

Las aplicaciones para encontrar pareja no son más que extensiones de bares, fiestas, y reuniones de amigos. Igual que un chat es la extensión de un telegrama, Wikipedia el de una enciclopedia universal, una video-llamada del teléfono y las transacciones en línea de los bancos. Internet es una prótesis que no siempre limita, una que a veces reemplaza esa parte que no funciona. “Una nueva modalidad del espacio, ahora instantáneo y a distancia”, como dice el filósofo argentino Alejandro Piscitelli. (Lea también: Amor al primer “like” (Quinta parte)) y (Lea: Amor al primer “like” (Sexta parte))

La realidad virtual, entonces, nunca ha dejado de ser realidad. Ni el amor de mover el mundo. “No es de ahora este amor”, dice Meira del Mar en su poema Raíz antigua. “No es en nosotros donde empieza a sentirse enamorado este amor por amor, que nada espera”. (Vea también: Amor al primer “like” (Séptima parte))

, Amor al primer "like" (Última parte), http://www.elespectador.com/noticias/cultura/amor-al-primer-like-ultima-parte-articulo-670718, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental