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Todo comenzó en 1915. La guerra apenas terminaba y reinaba la crisis. La economía se venía a pique, la política se fragmentaba y los valores que sostenían la cultura occidental comenzaban a cambiar. Las luchas feministas daban sus primeros brotes, se hablaba de derechos civiles para los negros y nacían los librepensadores, los bohemios y los artistas. Una nueva generación se enfrentaba al mundo. La de los inconformes, la de los idealistas, la de los que no encajaban. La de los “uno entre cada mil”. (Lea la primera parte de:Amor al primer “like”)

Según Harry Cocks, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Nottingham, es en este escenario donde nace Link, una revista de circulación mensual que en palabras de Alfred Barred, su creador, “se dedicaba enteramente a los intereses del amor”. Por medio de anuncios cortos, los “uno entre cada mil” buscaban sus pares. “Mujer joven interesada en hombre artista y poco convencional”. “Mujer bohemia, con múltiples intereses, educada y solitaria busca un amigo hombre”. Parejas que buscaban compañía para ir a la ópera, hombres que querían ir a cenar, hombres que buscaban otros hombres. La lista era larga y, por supuesto, mal vista ante los ojos de la sociedad conservadora de ese entonces.

Barred fue acusado de promover la vida mundana, la prostitución y el homosexualismo. Tuvo que presentarse a juicio por corromper los valores morales y, tras ser condenado, pagar dos años en prisión.  Link despareció, pero los avisos clasificados buscando pareja se hicieron cada vez más frecuentes en los periódicos. Para 1985, entre anuncios de lavadoras y automóviles de segunda mano, aparecían mujeres rusas ofreciendo casarse con hombres americanos, hombres americanos buscando esposas latinas, y viudas latinas queriendo casarse por segunda vez.

Diez años más tarde, cuando internet conquistó el mundo, aparecieron los servicios de citas en línea. El primero fue match.com, un portal creado en San Francisco por el CEO – Director Ejecutivo según sus siglas en inglés- Gary Kremer. “La idea se me ocurrió en la ducha”, dijo a la revista Wired, “pensé que sería interesante usar internet para encontrar pareja y hacerlo bien”.

El ejercicio era sencillo. Cualquiera con más de 18 años podía abrir un perfil con su nombre, su foto, su orientación sexual y su descripción. Por medio de algoritmos, match.com seleccionaba los candidatos compatibles y se los daba a elegir. Los usuarios podían conversar en salas de chat, enviarse mensajes privados y, si lo preferían, intercambiar correos electrónicos. Hoy funciona en 25 países y tiene más de 4 millones de usuarios al mes.

En el año 2010 la tecnología revolucionó de nuevo la comunicaciones. Aparecieron los sistemas operativos móviles, los teléfonos inteligentes y las tabletas. Internet se metió en el bolsillo de sus usuarios y lo que ya era inmediato se hizo más inmediato aún. Los portales de citas online se convirtieron en aplicaciones para celulares que se descargan de forma gratuita y caben perfectamente en los afanes de la vida moderna. Ya no es necesario gastar horas frente al computador para encontrar pareja en línea, la fila del supermercado, una reunión aburrida o el trancón de la tarde son, quizá, los mejores momentos.

Las opciones son muchas. Aplicaciones para lesbianas, para gais, para heterosexuales y para ancianos. Para los que quieren casarse, los que quieren sexo, los que buscan amigos y los que solo quieren darse abrazos. Todas siguen la misma lógica: juntar personas con intereses afines a partir de la información de sus perfiles. En su pantalla, cada usuario ve fotos y descripciones de sus parejas compatibles, y decide con un clic –like- si le interesan o no. La magia está en que solo si se produce un match – un like mutuo- podrán empezar una conversación. Son los tiempos del ciber-amor.
 

, Amor al primer "like" (Segunda parte), http://www.elespectador.com/noticias/cultura/amor-al-primer-like-segunda-parte-articulo-668941, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental