4

El amor “es hielo abrasador, es fuego helado”, dice el poeta español Francisco de Quevedo.

Es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien y un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

una andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado. (Lea también Amor al primer “like”)

Es imposible hablar de amor sin poesía. Sin cobardes valientes, descansos cansados y descuidos cuidados. Es absurdo hablar de amor como algo escueto. Sin mariposas en el estómago, sin idilios ni ensoñaciones. Pero es sencillamente ingenuo hablar de amor como una especie de magia sobrenatural que brota sin ninguna explicación. (Lea también Amor al primer “like” (Segunda parte))

El enamoramiento es uno de los grandes motores del desarrollo. Ha conquistado civilizaciones, librado guerras, inspirado artistas y ganado batallas por los derechos civiles. Ha inundado el mundo de sensaciones de bienestar y ha sacado lo mejor y lo peor de quienes lo habitan. Eso, tal vez, sí es mágico. Pero el fenómeno responsable de ese huracán de emociones humanas tiene explicaciones mucho más lógicas. 

El amor es un proceso neurológico con tres etapas. La primera es de atracción y surge como respuesta al estimulo de los sentidos de la vista y el olfato. Una sonrisa, una mirada, un perfume o el roce de una mejilla aumentan la producción de hormonas sexuales y feromonas en el cerebro. La segunda se conoce como de amor pasional o enamoramiento y se caracteriza por la producción de un grupo de sustancias conocidas como aminas biógenas: la dopamina que aumenta la frecuencia cardiaca y es responsable de la tan famosa sensación de “mariposas en el estómago”, la feniletilamina que aumenta la frecuencia respiratoria y la serotonina que tiende a bajarse y, como consecuencia, disminuye la concentración.

Esta cadena de reacciones químicas modifica el comportamiento de las parejas. Aparecen fijaciones, idealizaciones y algunas conductas obsesivas. Aumenta el deseo y  la atracción sexual se hace más intensa. “Un persona enamorada pasa alrededor del 75 % del tiempo que está en vigilia pensando en el ser amado”, explica Leonardo Palacios, neurólogo y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad El Rosario. (Lea: Amor al primer “like” (Tercera parte))

El amor pasional es un idilio con fecha de caducidad. Dura entre uno y tres años y luego se rompe o se transforma en una tercera etapa entendida como amor verdadero o amor amor. Las parejas se reconocen como imperfectas y aprenden aceptarse. Construyen familias y creen en “un juntos para siempre”. En el cerebro se aumenta la producción de oxitocina, la hormona que estimula la sensación de recompensa, y de vasopresina, la hormona de la monogamia. “Hay un fenómeno interesante con esto. Un estudio hecho en el 2011 sostiene que las personas que se comunican por Facebook y hacen amistades virtuales también secretan oxitocina”, dice Palacios.

, Amor al primer "like" (Cuarta parte), http://www.elespectador.com/noticias/cultura/amor-al-primer-like-cuarta-parte-articulo-669682, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});

Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental