Un cuento, un poema o un libro inmortalizan una cultura. Empecemos por la escritora Agnès Agbotón. Sigamos con el título de los cuentos: Eté Utú. Palabras que jamás había escuchado. Leer a Agbotón es leer a Benín —un país ubicado en el oeste del continente africano—, es leer a España y es leer a Cataluña. (Lea también: Chinua Achebe: todo el poder negro)

Cuando estaba leyendo el cuento de la escritora beninesa sobre sus ancestros, no pude evitar recordar mi infancia, en una habitación pequeña, mi mamá a mi lado en la cama leyéndome cuentos e historias sobre los indígenas y su adoración al sol y la luna. Volví a la lectura. En ella Agbotón hablaba de Hue (el sol) y Sun (la luna) y se ubicaba en un tiempo muy, muy lejano. Una historia que explica por qué no salen juntos: una manera de explicar las creencias y darle sentido a la vida, lo que ofrece y lo que en ella habita.

La luna le tendió una trampa al sol cuando eran amigos inseparables; le propuso que mataran a sus hijos porque tenía muchos. El sol, dudoso, le creyó y aceptó su propuesta, esperó a que anocheciera y ellos se durmieran para tirarlos al mar, en donde se convertirían en peces. Ella no cumplió con el acuerdo y sus hijos brillaban en el cielo, se habían convertido en estrellas. El sol no entendía por qué su amiga lo había traicionado. Ella le dijo que era porque sentía celos de él y de sus hijos. Desde ahí el sol se alejó de su vecina y sólo sale cuando ella se va. (Lea también: Tanella Boni: La negritud del paraíso) 

Aunque en ocasiones se les puede ver juntos, cuando sus combates provocan los eclipses —o huewle-sun, como los llaman las personas del pueblo de Agbotón— y ellos, con machetes y platos, buscan la forma de separarlos. La autora finaliza el cuento diciendo que “cuando, de hoy en adelante, comáis pescado no dejéis de dedicar un breve pensamiento al astro del día cuyos hijos, sacrificados, os permiten comer”.

La escritura es un refugio para Agbotón, quien llegó a Barcelona cuando era muy joven. Tenía 18 años y se casó con un catalán. Llegó a una sociedad española que no sabía qué era África y mucho menos quién era ella, pero en la que quería aprender sin olvidar sus raíces. Terminó el bachillerato y en 1991 se licenció en filología hispánica, lo que le permitió recuperar la tradicional oral de Benín y darla a conocer en su nuevo hogar.

Después de estudiar castellano, se sintió seducida por la lengua catalana. Sentía que ese idioma era como la relación de una madre con una hija. El catalán le dio el refugio que necesitaba. Venía de Porto Novo y estaba en un continente desconocido. Fue la lengua con la que empezó a escribir. Primero, de cocina: publicó los libros: La cuina africana (1988), África en los fogones (2001) y Las cocinas del mundo (2002). Ella quería dialogar, intercambiar conocimientos. Que la conocieran.

Después vino la poesía que había escrito en lengua gun y en la que reflejaba sus tristezas y nostalgias con las que hablaba del amor y la muerte. Ella misma las tradujo. “Las lenguas africanas tienen mucha musicalidad, el género, la simbología que llevan todas las palabras. Son muy distintas a las lenguas románicas. Por ejemplo, un ‘te quiero’ en gun se convierte en ‘me gusta tu olor’”, contó en una entrevista para la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

En las noches, el padre de la beninesa le contaba cuentos, y a ella le fascinaban. Pero sólo cuando estuvo lejos, en Cataluña, los entendió mejor: se redescubrió a sí misma. Agbotón aprovechó su capacidad para difundir el legado de su pueblo mediante la escritura, pero imprimiéndole su sello. “Los cuentos no están calcados a la tradición, tampoco están como los hacen aquí, estoy creando algo nuevo”.

También escribió un libro autobiográfico, Más allá del mar de arena. Dice que es para sus dos hijos, Dídac y Axel, nacidos en Cataluña, para explicarles su vida, porque “hay cosas que no se pueden decir con la voz”, sentimientos que se expresan mejor con las letras y sobre el papel. En esta publicación, la beninesa logra unir las dos culturas, africana y española, y transmite la visión de una persona recién llegada a un lugar. Muestra también, según su experiencia, que no son tan diferentes: “A uno y otro lado del mar de arena los hombres y las mujeres no son, a fin de cuentas, tan distintos”.

Agnès Agbotón me llevó a mi infancia, a un momento vital con mi madre. A tener un recuerdo que me devolvió a casa, como a ella, a quien el catalán le dio ese refugio. A conocer Benín, los cuentos de Eté Utú y a ella, que busca construir un puente, una conexión y una fuerza entre su cultura natal y su cultura adoptiva.

, Agnès Agbotón: un puente entre dos culturas, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/agnes-agboton-un-puente-entre-dos-culturas-articulo-674572, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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