Colombia, invitado de honor en el Clermont-Ferrand

Todo el mundo habla de Cannes. El festival francés que convoca a toda la industria del cine independiente y comercial en una sola alfombra. Las personalidades de Hollywood llegan a la entrada de cada teatro exhibiendo sus vestidos y sonrisas gastadas. Otros, en cambio, pasean incógnitos con sus películas debajo del brazo, nominadas o presentadas en cualquier categoría: no importa, al fin y al cabo, que las proyecten en Cannes es lo único que vale. Hay otro festival que representa lo mismo: el Festival de Cortometrajes de Clermont-Ferrand, con más de 100.000 asistentes cada año desde 1995.

El Clermont-Ferrand nació como un proyecto universitario. En 1979, la Sociedad de Cine Universitario de Clermont-Ferrand organizó una Semana de Cortometrajes. Después de su éxito entre los alumnos de la universidad, se repitió la iniciativa en 1980 y 1981. En el 82, el festival comenzó a hacerse competitivo: se conformó un jurado que otorgaba premios a películas seleccionadas de la producción francesa de cortometrajes. Las películas internacionales se mostraron en programas especiales que destacaban un tema particular, género, país o región del mundo. La audiencia también fue presentada con homenajes a los grandes cortometrajes del pasado y el presente.

Este año, por primera vez, Colombia es el invitado de honor al festival, que comenzó ayer e irá hasta el 11 de febrero. Treinta y tres cortos seleccionados por el evento para hacer parte de una retrospectiva de la producción colombiana entre los años 2007 y 2016, cuatro producciones en competencia oficial, screenings de tres cortometrajes en etapa de posproducción en el mercado del festival y una delegación de cerca de 30 profesionales de la industria nacional darán cuenta del momento que vive el cortometraje colombiano en la actualidad.

La importancia de la presencia colombiana en el certamen se traduce en la apertura que tendrá la industria del corto a nivel mundial. Las piezas colombianas participarán en la 32e Marche du Film Court, el mercado más grande para la venta y negociación de cortometrajes en el mundo, donde Colombia cuenta con un stand y ofrecerá una happy hour para los miembros de la industria presentes. También en L’Atelier, espacio de formación dirigido por la organización del festival Sauve qui peut le court métrage, la École Nationale Supérieure d’Architecture y la École Supérieure de Commerce de Clermont-Ferrand, y Euro Connection, el foro europeo de coproducción que este año abre las puertas a productores colombianos. Adicionalmente, será la primera vez que Colombia organiza una actividad para celebrar el corto nacional, en un evento realizado en la galería Le Fotomat’, que recibirá trescientos invitados asistentes al festival.

Lo primero que se verá de Colombia en Clermont-Ferrand será la exposición retrospectiva Bogoshorts s’expose, que presenta una selección especial de obras que hicieron parte de la sección de exposiciones del Festival de Cortos de Bogotá, un espacio que buscó conectar el cortometraje con otras expresiones artísticas.

Del 4 al 25 de febrero, en la Sala Gaillard, se exhibirán las fotografías de la exposición Bogotá sabe a cine, en las que 18 fotógrafos colombianos capturaron instantes que reflejan la naturaleza cinematográfica de la capital colombiana y el potencial de la ciudad como espacio para el desarrollo de los géneros cinematográficos. Además de una selección de ilustraciones donde 15 artistas gráficos colombianos interpretan con su propio estilo los principios que guían la vocación del Festival de Cortometrajes de Bogotá: amor por el corto, amor por el cine y amor por la ciudad.

En la categoría mejor corto internacional participan dos piezas colombianas: Como la primera vez, de Yénnifer Uribe Alzate, y Genaro, de Jesús Reyes y Andrés Porras.

Entre los directores que tendrán sus cortos en Francia se encuentran Juan Sebastián Mesa, director de Los nadie; Franco Lolli, que dirigió Gente de bien , y Jacques Toulemonde, director de Anna y coguionista de El abrazo de la serpiente.

A través de la página de Bogoshorts, en asocio con La Brasserie du Court, se podrán encontrar clips de video sobre cómo se desarrolla la participación del país en Clermont-Ferrand.

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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

Jorge Oñate: “No voy a hacer fusiones con reguetón ni champeta”

Con Jorge Oñate sucede un fenómeno extraño y es que los artistas vallenatos coinciden en afirmar que con usted el género separó la figura del cantante de la del acordeonero. ¿Cómo siente este comentario?

Hace muchos años escuchaba a Luis Enrique Martínez, Alejo Durán, Juancho Polo, Calixto Ochoa y Lisandro Mesa, pero a mí se me daban las canciones de Joselito de España, las baladas de Óscar Golden, y en un momento me dio por aproximarme al folclor. En el primer Festival Vallenato, en 1968, canté en una parranda, y ahí estaban Santander Díaz y Gabriel Muñoz. Ellos me preguntaron si yo era cachaco y les contesté que mi padre era del interior y me invitaron de una vez a grabar a Bogotá. En ese disco, mi primer disco, partimos el vallenato en dos y puedo decir que el primer cantante de la música vallenata soy yo. Poncho Zuleta era guacharaquero y corista de mi agrupación, mientras que Diomedes Díaz era el utilero del conjunto.

¿Sentirse pionero o precursor le ha generado una responsabilidad especial en el vallenato?

A partir de lo que hice empezaron a surgir figuras como Rafael Orozco, Diomedes Díaz, Beto Zabaleta, Silvio Brito e Iván Villazón. Yo propuse algo en Valledupar y es que el Turco Gil, quien tiene una escuela para enseñar a tocar acordeón, debería empezarles a exigir a sus discípulos que también canten, así como lo hacían los juglares del género.

¿Cuál es la diferencia para usted entre un juglar vallenato y un compositor?

Un juglar completo es quien toca el acordeón, compone canciones y hace versos. A mí me faltó tocar el acordeón para poder ser un juglar completo.

¿Ha cambiado en algo el vallenato desde que la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad?

La Unesco dijo que debíamos preservar la identidad del folclor. Con el álbum que acabo de grabar estoy contestando por mí. En ese disco se puede encontrar vallenato ciento por ciento. Yo jamás voy a hacer fusiones con reguetón ni champeta porque sería la debacle para Jorge Oñate después de defender tanto esta causa. A mí me parece perfecto que los demás artistas vallenatos lo hagan, pero el que no lo hace soy yo.

¿De verdad piensa que hacer fusiones con el vallenato podría ser el final de la carrera de Jorge Oñate?

Creo que el público me rechazaría. Incluso le digo que hay artistas que van a desaparecer por eso, porque sus seguidores no se lo van a perdonar. Yo se lo digo. El vallenato es como es.

¿Cómo fue el entorno de su niñez en La Paz, Cesar?

Me crie al lado de mi madre y de mis dos hermanos. Ellos son profesionales, uno es ganadero y el otro ingeniero, y a mí me dio por cantar y jugar fútbol. Estuve a punto de jugar como profesional con el Unión Magdalena. En la cancha era volante de contención o marcador de punta, pero cuando llegué a Bogotá empecé a ir a las parrandas y me engordé. Me retiré del deporte y asumí el canto. Puedo decir que en mis 50 años de actividad artística y 67 de vida sigo en los primeros lugares. Soy el único cantante que sigue viviendo en el pueblo en el que nació. Yo no me he mudado a ninguna ciudad grande y sigo radicado en La Paz, Cesar.

¿En estos 50 años de actividad artística ha cambiado la forma de hacer vallenato?

Las canciones grandes de Escalona, de Armando Zabaleta, de Gustavo Gutiérrez y Fredy Molina siguen siendo grandes y son muy diferentes de las que se hacen en la actualidad. Antes no golpeamos a la mujer en nuestro folclor, pero ahora con cosas como La patineta loca no las van a enamorar. A mí me dan canciones así, pero yo no las grabo porque no me quedan bien.

¿Cuál es el artista vallenato que más extraña?

A mí los que más me hacen faltan son Rafael Orozco y Diomedes Díaz. Sin duda, dos grandes se nos han ido. Diomedes es irrepetible y Rafael fue muy grande. Ellos eran diferentes en sus estilos, pero ahora los cantantes vallenatos se parecen.

¿Se esperaba el éxito actual de “Meneando la batea”?

Andrés Veleño me presentó tres canciones más: una romántica y dos rápidas. Todas buenísimas, pero a mí ya me habían advertido de la existencia de Meneando la batea, así que se lo pedí y él me dio la canción jocosa como es. Me convenció y yo le puse el picante con algunos estribillos. Las canciones son como las mujeres, hay que vestirlas bien, y eso fue lo que hicimos con esta canción que es número uno del género en la actualidad.

Metroconcierto del Carnaval de Barranquilla. Sábado 25 de febrero. Arena Park Av. Circunvalar. Información y boletería: www.ticketshop.com.co.

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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

La ópera se volvió mainstream I

“Para el próximo concursante, el mundo del espectáculo parece estar a miles de kilómetros de distancia”. La sentencia viene de un hombre que nadie ve, pero de una voz que ya es familiar para los seguidores de Britain’s Got Talent, la versión británica de un reality internacional que busca bailarines, comediantes, músicos, cantantes, poetas, acróbatas. Gente con talento en más de cincuenta países. “Es Paul, un vendedor de celulares del sur de Gales”. Un hombre blanco y pasado de kilos, con vestido y sin corbata. Que se aprieta las manos, se acomoda el número 31829 en la solapa derecha y recorre de un extremo al otro el backstage de un estudio de televisión. Una vez. Dos. Todas las que caben en la espera de su turno.

– ¡Paul! ¿Qué vas a hacer hoy, Paul? – le pregunta Amanda Holden, una de las jurados del programa, cuando pisa el escenario.

– A cantar ópera – contesta él-.

Amanda convierte una mueca irónica en un gesto de aprobación y asiente con la cabeza. Piers Morgan y Simon Cowell, también jurados, se miran entre divertidos e irritados. Están seguros de que lo que viene es un contundente ridículo. Ópera entre perros que hablan, hombres musculosos que se quitan la ropa, magos que hacen aparecer palomas, gimnastas sin articulaciones y bailarinas de cabaret tan viejas que usan caminador. Ópera en un reality show. Ópera mientras las familias cenan frente al televisor. Ópera por un vendedor de celulares.

– Está bien. Estamos listos cuando tu estés – le dice Cowell mientras se escurre en la silla para ver más cómodo al desafortunado que hará el rating del día-.

Nessun dorma! Nessun dorma! (¡Qué nadie duerma! ¡Qué nadie duerma). La voz de Paul resuena tras el micrófono. Simon Cowell fija la mirada y, en un movimiento reflejo, Amanda Holden alza las cejas.  Ma il mio misterio è chiuso in me (El misterio está encerrado en mi). Al público se le escapan los primeros aplausos. Amanda traga saliva y su pecho se levanta en un suspiro. Il nome mio nessun saprà! No, no (Mi nombre nadie sabrá! No, no).  Piers Morgan aprieta los labios. Simon Cowell se rasca la cabeza. Nadie está seguro de lo que pasa. Paul está cantando Nessun Dorma de la ópera Turandot y la está cantando bien. Dilegua, o notte! Tramontate, stelle! Tramontate, stelle! (¡Disípate, oh noche! ¡Ocúltense, estrellas! ¡Ocúltense, estrellas!). Los aplausos son ahora una lluvia de granizo. Los gritos del público se hacen oír por encima de todo. All’alba vincerò! Vincerò! Vinceró! (¡Al alba venceré! ¡Venceré! ¡Venceré!). Paul estalla en una nota precisa, en ese “Si” agudo que ha hecho famosos a tantos tenores. Amanda tiene la nariz y los ojos enrojecidos. Piers Morgan sonríe y asiente. El público se pone de pie y los aplausos ahogan la música.

– Fue un respiro de aire fresco. Creo que estuviste absolutamente fantástico – Dice Simon Cowell-.

En el escenario, Paul sonríe. Le falta un diente.

Paul Robert Potts es hijo de un conductor de bus y una cajera de supermercado. Tiene 45 años y aunque en el 2007 trabajaba con celulares, no era solo un vendedor. Era el gerente de la compañía Carphone Warehouse en Bridgend, un pueblo de Wales. Tampoco es tan cierto que sea un autodidacta. Antes de Britain’s Got Talent, cantó en compañías de ópera no profesionales. Fue El Príncipe de Persia en Turandot, Chevalier en Manon Lescaut, Don Basilio en Las Bodas de Fígaro, Don Ottavio en Don Giovanni y otro par de “Dones” en óperas de Giaccomo Puccini. Tomó una clase con el tenor Luciano Pavarotti y cantó con uno de los ensambles pequeños de la Orquesta Filarmónica Real del Reino Unido. Lo que sí es cierto es que fue el primer participante en cantar ópera en un reality show. Y también el primero en ganar.

– Escogí ópera porque es lo que mejor hago – dice Potts -. Hubiera preferido cantar Che Gelida Manina, que es mi aria favorita de Puccini, pero Nessun Dorma es más conocida. Haber elegido un aria o una canción que la gente no conociera significaba tener que venderles la canción también. El riesgo era mucho más grande.

La primera información que arroja Wikipedia sobre Paul Potts es “tenor británico”. Ya no participante de Britain’s Got Talent, ya no vendedor de celulares. Potts es ahora un cantante profesional y su información puede leerse en veintidós idiomas que van desde inglés hasta tailandés, pasando por esperanto. Ha grabado tres discos –One chance, Cinema Paradiso y Home-, ya no le faltan dientes y con su vida han escrito un libro y filmado una película.

– Yo no tenía una carrera antes de Britain’s Got Talent, el programa me dio una que amo y en la que llevo ya nueve años – dice Paul-.

La historia de Potts se repitió dos años más tarde en el mismo concurso. Susan Boyle, una escocesa de 47 años con Síndrome Asperger, cantó I Dream a Dream del musical Les Miserables  y quedó en segundo lugar. Hoy, entre arias de ópera y arias de Broadway, tiene ya seis discos grabados y siete premios que incluyen un People’s Choice a Mejor artista nuevo, un World Music a Mejor artista femenina y un Grammy a Mejor Albúm Vocal.

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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

Bogotá: libros hasta en los buses

Según el informe revelado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en las últimas pruebas Pisa (2015), pese a las campañas estatales e independientes, y políticas como “la política pública del Distrito de fomento a la lectura, para el periodo 2012-2017”, entre otras, de 70 puestos en total, Colombia obtuvo el 54 con 425 puntos en lectura,  el 57 con 416 puntos en ciencias y el 61 con 390 puntos en matemáticas.

“El plan lector de los colegios es un fracaso (…) Antes se calificaba drásticamente la comprensión de lectura, hoy en día, lo que hizo el Gobierno fue: en los colegios distritales ninguno pierde el año”.  

Administrador de profesión, amante de la literatura y dueño de una librería en el centro capitalino, Sergio Virgüez y seis compañeros de carreras como sociología, entre otras, impulsaron la campaña “Bogotá, un libro abierto para todos” como proyecto de grado en la Universidad Nacional.

La historia

“Bogotá, un libro abierto para todos” ejerce desde los buses de la capital, principalmente por sectores del sur, Teusaquillo (galerías) y suba, ofreciendo libros originales y nuevos a precios desde cinco mil pesos.

“No se trata de ser clasista sino de ser realista, se ha llegado a la conclusión de que, definitivamente, en el norte, en el sector galerías y suba es donde más se vende”.  

Hace cuatro o cinco años, este grupo de lectores consultó un estudio realizado por la Universidad Sergio Arboleda, que, para ese entonces, ponía a Bogotá como la segunda ciudad importante del sur del continente en la que menos se lee, después de La Paz (Bolivia). “Si tú trabajas y te ganas un salario mínimo, no vas a tener para comprarte un libro de cuarenta mil pesos cada quincena o cada mes”.

Todo inició con el ahorro de las siete personas mencionadas. Unos meses después lograron el contacto con una editorial, les compraron mil libros por saldos, de ese modo pudieron empezar a vender a precios accesibles para todos los bolsillos bogotanos, repartiendo en ese tiempo su día a día entre la universidad, el trabajo y esta campaña.

En los años que lleva la campaña, han vendido alrededor de dos millones de libros y quince mil cd’s educativos para niños (que también han comprado en saldos). Gracias a esas ventas, hoy en día pueden adquirir hasta tres mil libros en los saldos editoriales.

La UNESCO le otorgó a Bogotá ser la Capital Mundial del Libro para el 2007, ¡2007!, entonces, pues se supondría que una ciudad que haya tenido esa distinción (además de que fue la primera en Latinoamérica) debiera ofrecer literatura al alcance de todos los sueldos. Pero hace poco Sergio Virgüez importó cien libros desde Panamá y, sorprendentemente, pudo venderlos entre un 30% y un 40% más económicos de lo que se conseguirían en una librería común bogotana.

Proyecciones

Tras mucho tiempo de esta labor, de los siete integrantes que iniciaron, tres dejaron la campaña. El resto, ‘libreros’ constantes, buscan dejar un legado más grande en la ciudad: ser reconocidos por el Distrito, a través de su campaña, como promotores culturales para lograr una mayor cobertura en Bogotá, y, quién quita, después llegar a otras regiones del país. 

“Crecimiento personal es el tema que más vende. Desafortunadamente lo que menos es lo que yo más quisiera vender, que es, por ejemplo, Gabriel García Márquez, pero no se vende, la gente es muy apática a llevar libros de él”.

Por ello, al preguntarle a Sergio Virgüez cómo difundir la literatura a pesar de que cada año haya una edición de la FILBO, así como campañas de lectura y otras ferias de libros que  Idartes realiza en diferentes sectores de Bogotá, Sergio Virgüez, añadiría: “Si de mí dependiera, que la entrada a la Feria  del libro fuera gratis, que se realizaran más campañas y ferias de libro en más puntos”.

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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

Así es la batalla de Chile contra el fuego

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Jose Raul Lopez Daza

La “finca” para compensar la pérdida de biodiversidad

Los lenguajes de las finanzas y los recursos naturales están cada vez más cerca. Combinaciones de palabras que antes se creían impensables, como negocios verdes, pagos por servicios ambientales y bonos de carbono, fueron apareciendo para llenar los vacíos que había a la hora de medir el crecimiento de los países. Lentamente, la economía empezó a dar un vuelco hacia mercados que en vez de explotar los recursos naturales para obtener dinero hacen lo contrario: conservarlos.

Bajo esta lógica, Colombia acaba de lanzar el primer banco de hábitat en Latinoamérica, una iniciativa que busca que las empresas que tienen la obligación de compensar por pérdida de biodiversidad cuenten con un terreno para hacerlo: 610 hectáreas que ya están dispuestas para que se realicen proyectos de restauración o conservación en el municipio de San Martín de los Llanos, a la altura de la subcuenca del río Metica, en el departamento del Meta.

Es decir, si algún proyecto de infraestructura, agricultura o hidroelectricidad de la región debe compensar el haber arrasado ciertos fragmentos de bosques o transformado las sabanas, puede solicitar al banco, estructurado por la empresa Terrasos, uno de estos terrenos. Claro, a cambio de un pago.

La idea, además, es que el banco de hábitat, que recibió una inversión privada de US$1,5 millones y es financiado por el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sea un modelo piloto.

Según explica Carlos Novoa, delegado del BID, el país cuenta con un potencial de US$700 millones para este mercado. En el mundo se invierten más de US$8.000 millones anuales de capital privado que buscan, a la vez, tener resultados ambientales y retornos financieros.

El terreno

Son varias las particularidades que se pueden encontrar en las 1.500 hectáreas sobre las que tiene influencia el banco. Está la zona de transición, donde se topan el monte andino, de coberturas amplias y boscosas, con el ecosistema de altillanura, y así como ocurre en otras partes de la región, en los predios elegidos para ser parte del proyecto la ganadería resultó siendo vecina de las reservas naturales.

Es por esto que, para tener mejores resultados, el banco acudió a un plan de manejo que hace estos límites menos difusos. De las 1.500 hectáreas, 610 fueron cercadas y el resto seguirá siendo destinado para ganado. Entre las primeras, 310 hectáreas estarán destinadas para proyectos de restauración y las restantes entrarán en conservación.

“Una vez se ponga en marcha el plan, habrá que hacer una serie de cosas. Restaurar, sembrar viveros, establecer perímetros, poner barreras del fuego o evitar que cazadores se acerquen”, cuenta César Barrera. Él y otras dos familias son los dueños de los predios que ahora hacen parte del banco de hábitat. De ahora en adelante, además de ser socios, su nueva función será ser los operadores del proyecto.

Según el tipo de compensación que las empresas requieran, las categorías de manejo pueden cambiar entre sabanas para conservación, sabana para restauración, bosque para conservación y zona de restauración de bosque. El ideal es que las iniciativas se mantengan por 30 años, tiempo suficiente para que un ecosistema puede restablecer su dinámica natural. Sin embargo, las empresas sólo tendrán que hacer el pago una vez se aseguren de que hay resultados en el transcurso de este tiempo.

Pagar por unidades de biodiversidad

Cuantificar las ganancias en biodiversidad, cuánto se gana o cuánto se pierde, no es una tarea fácil. Debido a que el modelo del banco de hábitat, a diferencia de otros pagos por servicios ambientales, parte del pago por resultado, el equipo que lo creó tuvo la misión de encontrar una estrategia para medir si se van a cumplir las metas.

Para ello acudieron a la “unidad de biodiversidad”, una medida que permite hacer comparaciones ya sea de una misma área en el tiempo o entre dos áreas del mismo ecosistema, y con la cual se pueden monitorear los avances. La unidad, además, tiene en cuenta tres variables: el factor de compensación, el contexto paisajístico y la calidad del área en términos del estado de conservación.

Es así como el banco les ofrece a las empresas cierto número de hectáreas, con un equivalente en unidades de biodiversidad, que no serán pagadas hasta que demuestren tener una mejoría.

Una nueva estrategia que permitirá pasar de la palabra a la acción, pues, como bien lo advirtió el ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, “aunque existen cantidades enormes de áreas degradadas con proyectos de conservación, muchas veces no se ven los resultados”. El banco de hábitat promete ser el cambio.

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Jose Raul Lopez Daza

Joël Dicker, un modelo de escritor

Nadie puede negar que el escritor Joël Dicker tiene lo suyo. Pero al margen de sus atributos físicos —indiscutibles su porte y distinción, en conjunto con esos destellantes ojos azules—, que a su paso no resulta inadvertido, sus letras son su principal arma a la hora de seducir lectores. Él sabe, perfectamente, que su imagen atrae. Por eso acepta gustoso modelar para algunas reconocidas marcas del mundo. Para nada le molesta cuando alguien hace referencia al apodo que le tienen sus colegas, lo llaman el “autor top model”, entonces sólo ríe y alza los hombros y de inmediato responde: “Los escritores debemos atrevernos a ser modelos de inspiración para muchos. Tenemos que hacer sentir la literatura, lograr que interese más a niños y jóvenes, como lo hacen, por ejemplo, los futbolistas y cantantes. Si el hacer comerciales o modelar me permite captar más lectores y que la gente lea más, lo voy a seguir haciendo con gusto”.

Sí, no cabe duda de que sabe cómo enamorar a más gente de la literatura. Con apenas 31 años es un fenómeno editorial sin precedentes. Su segunda novela, La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara, 2013), una historia policial y romántica, fue galardonada con el Premio Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa, y hasta el momento sigue siendo una de las más vendidas de los últimos tiempos a nivel mundial, traducida a treinta y tres idiomas, algo que muy pocos autores consiguen.

Joël Dicker estuvo en el Hay Festival de Cartagena con su más reciente novela, El libro de los Baltimore, que ya empieza a ser número uno en ventas, narrada una vez más por el carismático protagonista de su anterior libro, Marcus Goldman, esta vez contando su infancia y juventud. Desde el Corralito de Piedra, la ciudad que ansiaba conocer desde que leyó a Gabriel García Márquez, nos concedió esta entrevista.

¿Alguna vez soñó con el éxito que está teniendo como escritor?

Sí, siempre soñé con llegar a muchas personas. Ver gente de países tan lejanos al mío haciendo fila para conseguir que yo les firme uno de mis libros me emociona hasta las lágrimas. Para mí, ser un invitado al Hay Festival de Cartagena, la ciudad que tanto inspiró a Gabriel García Márquez, es una experiencia intensa y muy grande. Eso también lo soñé.

¿Qué le ha parecido Cartagena?

Es una ciudad maravillosa para descubrir historias. Quiero encontrar un tiempo para disfrutarla más. Bueno, no sólo a Cartagena, sino al país en general. Desde que leí Cien años de soledad quedé con ganas de venir a Colombia. Ese libro fue mi primer encuentro con la literatura latinoamericana. Pude sentir los olores de esta tierra y su calor del mediodía, lo afectuosa que es la gente, en fin, muchas sensaciones muy distintas a las que había experimentado con la literatura francesa, de la que vengo.

Hablemos de sus dos últimas novelas, “La verdad sobre el caso de Harry Quebert” y “El libro de los Baltimore”. ¿Por qué ha elegido narrarlas desde el punto de vista de un escritor? ¿Por qué insistir en el autor como personaje literario?

Es una muy buena pregunta. Lo que ocurre es que sigo interesado en indagar por qué soy escritor y quiero encontrar la respuesta a medida que voy escribiendo. Bueno, también escribo desde mis inquietudes, desde mis propias dudas. A quienes les guste escribir, van a verse reflejados en lo que vive un autor, cómo encuentra y desarrolla las historias, las dificultades que conlleva el proceso de escritura. Es mi manera de querer descubrir qué significa ser escritor.

Precisamente, “El libro de los Baltimore” finaliza con la pregunta “¿Por qué escribo?” y Marcus Goldman llega a la conclusión de que escribe porque los libros son más fuertes que la vida. ¿Es ese su mismo motivo para escribir?

Yo tengo muchas razones para escribir, pero al igual que Marcus Goldman comparto esa razón. Otra muy importante es que escribir me permite conocerme mejor.

Para conocerlo mejor, díganos quién es Joël Dicker.

Ante todo soy un tipo al que le gusta escribir. Empecé estudiando derecho, pero lo interrumpí porque me di cuenta de que no era lo mío. Realmente me apasiona escribir. Quiero seguir creciendo en este arte que todavía no es muy claro para mí y seguir encontrando la respuesta en mis novelas.

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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

Macondo, a través de dos mujeres

La amante de los Buendía

Pilar Ternera, el arquetipo de la prostituta en Cien años de soledad, representa la búsqueda del amor esquivo. Hacía parte del éxodo que lideraron José Arcadio Buendía y su mujer, Úrsula Iguarán, en busca de una tierra en la que pudieran levantar cabeza.

De esa manera, camino a lo que sería Macondo, la familia Ternera pretendía separarla del hombre que la violó a los catorce años, la amó hasta los veintidós y nunca pudo llevarla al altar porque era casado.

Conocedora de los secretos adivinatorios de la baraja, Pilar ayudaba a Úrsula con las labores domésticas. Su estancia en la casa de los Buendía y su desparpajo feliz le permitieron ganarse la confianza de José Arcadio y Aureliano, los hijos de la pareja, que ya volantones empezaron a respirar aires apasionados.

El primero que quedó atrapado en su piel fue José Arcadio cuando Úrsula puso en conocimiento de Pilar Ternera una profunda preocupación. Lo vio desnudo y le pareció que poseía una dotación por fuera de lo normal, y así se lo hizo saber a su criada, que decidió llevar al joven al granero para leerle las cartas. La mujer lo tocó para verificar lo dicho por su madre y, sin hacerle insinuación alguna, exclamó: “¡Qué bárbaro!”.

“José Arcadio la siguió buscando toda la noche en el olor a humo que ella tenía en las axilas y que se le quedó metido debajo del pellejo”.

Días después, Pilar lo tocó con más libertad y lo invitó a buscarla por la noche. Ya en la oscuridad “se dejó llevar a un lugar sin formas donde le quitaron la ropa y lo zarandearon como un costal de papas y lo voltearon al derecho y al revés, en una oscuridad insondable en la que le sobraban los brazos”.

José Arcadio quedó prendado de ella y se lo contó a su hermano menor. Le habló del amor como “un temblor de tierra” y despertó en él una extraña forma del placer que jamás había experimentado. Pilar quedó embarazada y José Arcadio, atrapado en el terror de la paternidad, terminó saliendo del pueblo detrás de una gitana.

De nuevo la frustración del amor había tocado la puerta de Pilar Ternera. Se hizo madre soltera, tuvo otros dos de padres desconocidos y, de pronto, la vida le puso en el camino a otro Buendía.

En una borrachera por el amor difícil de Remedios Moscote, Aureliano llegó hasta su cama, alentado por la embriaguez de las palabras enamoradas de su hermano, y le dijo que había ido a dormir con ella.

“Buscó a Aureliano en la oscuridad, le puso la mano en el vientre y lo besó en el cuello con una ternura maternal”. Aureliano lloró inconsolable. “Ella esperó, rascándole la cabeza con la yema de los dedos, hasta que su cuerpo se desocupó de la materia oscura que no le dejaba vivir”. Al final, le prometió ponerle en bandeja a la niña Remedios, y así lo cumplió

Pilar Ternera fue madre otra vez de un Buendía. Con José Arcadio, por pasión, y con Aureliano, por compasión, los hijos de Pilar Ternera prolongaron la estirpe de los Buendía en Arcadio y Aureliano José.

Desde el primer embarazo, Úrsula la rechazó, la sacó de su círculo social y la alejó de la familia. Aun así, a lo largo de la novela, Pilar Ternera es una constante presencia, es una marca inevitable de los Buendía. La buscan por el olor a humo de sus axilas o por la necesidad de contarle a alguien las tribulaciones de la vida.

El hijo que tuvo con José Arcadio sintió deseos por ella. Era una “obsesión tan irresistible como lo fue primero para José Arcadio y luego para Aureliano. A pesar de que había perdido sus encantos y el esplendor de su risa, él la buscaba y la encontraba en el rastro de su olor de humo”.

Arcadio, sin conocer que se trataba de su madre, la esperó un día en su hamaca y la tomó a la fuerza por la cintura. Ella se negó y él le dijo que no se hiciera la santa. Pilar le prometió que se verían en la noche.

La mujer pagó con la mitad de los ahorros de toda su vida una muchacha virgen para su hijo y armó todo un escenario para simular que era ella. Se llamaba Santa Sofía de la Piedad. Arcadio supo que lo estaban engañando.

“Entonces comprendió que no era esa la mujer que esperaba, porque no olía a humo sino a brillantina de florecitas, y tenía los senos inflados y ciegos con pezones de hombre, y el sexo pétreo y redondo como una nuez, y la ternura caótica de la inexperiencia exaltada”.

Pilar Ternera terminó de matrona de prostíbulo y hasta allí llegó Aureliano Babilonia, el último de los Buendía, a llorar su amor por Amaranta Úrsula. Vivió más de 140 años y aunque había sido una pasión pasajera, fue, después de Melquíades, el personaje que más conocía los secretos de los Buendía.

El poder seductor de Petra Cotes

Aureliano Segundo y Petra Cotes protagonizaron el más feliz concubinato del que se tuvo noticia en Macondo. Vivieron una historia de amor como no hay ninguna otra en Cien años de soledad. Él, y su hermano gemelo, José Arcadio Segundo, se acostaron con ella, pero al final Aureliano Segundo habría de disfrutar hasta la vejez de su compañía delirante.

Se convirtió en un hombre muy rico porque al lado de Petra se multiplicaban de tal modo los animales que, cuando menos se dio cuenta, era dueño y señor de los más grandes hatos y las más productivas granjas de la región.

“… y más se convencía él de que su buena estrella no era cosa de su conducta sino influencia de Petra Cotes, su concubina, cuyo amor tenía la virtud de exasperar a la naturaleza”.

La llegada al pueblo de una reina intrusa llamada Fernanda del Carpio, que pretendía arrebatarle la corona a Remedios, la hermano de Aureliano Segundo, surgió como un escollo en el amorío con Petra Cotes. El reinado terminó en balacera y Aureliano Segundo rescató a la intrusa. Meses después se casó con ella.

A Petra la golpeó esa decisión, pero le decía a la gente que a ella las reinas le hacían los mandados. Aureliano Segundo nunca la dejó. La buscaba cada que podía. Le hacía falta esa entrega sin aspavientos, sin regaños, ese amor comprensivo de la amante que su esposa perdió cuando se creyó propietaria del otro por el peso de los papeles matrimoniales.

Fernanda vivía llena de remilgos, creencias y convicciones heredadas. Hasta poseía “un calendario con llavecitas doradas en el que su director espiritual había marcado con tinta morada las fechas de abstinencia venérea”. Por esa razón dormían en camas separadas, mientras pasaban las fechas peligrosas.
Aureliano Segundo vivía con Petra Cotes la felicidad del amor, la entrega sin condiciones, el calor del beso, la plenitud de la intimidad y el acompañamiento sincero. Petra no necesitaba ser reina ni esposa para ser la reina y verdadera mujer de Aureliano Segundo.

Fernanda supo de la infidelidad. Él le dijo que no estaba dispuesto a dejarla porque con Petra se multiplicaban los animales. Ella aceptó la decisión, pero nunca paró en la cantaleta, hasta que terminó agotando la paciencia de su marido. Aureliano Segundo permanecía casi todo el tiempo con Petra Cotes, hasta que su mujer le mandó las maletas. En lugar de entristecerse con la decisión, celebró con una fiesta de tres días.

“Aureliano Segundo volvió a entregarse a ella con la fogosidad de la adolescencia (…) Era tan apremiante la pasión restaurada, que en más de una ocasión se miraron a los ojos cuando se disponían a comer, y sin decirse nada taparon los platos y se fueron a morirse de hambre y de amor en el dormitorio”.

Ese amor habría de durar hasta la vejez. “Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando era dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose como perros”.

Petra Cotes y Aureliano Segundo simbolizan la infidelidad y ponen en entredicho la institución matrimonial. Para los dos, la pasión y las ganas del otro están por encima de los formalismos. Petra sabe que la ceremonia del amor se vive en los ardores de la cama, en los sabores de la mesa y en las luchas comunes de la cotidianidad de la vida. No le importa ser la concubina, porque se sabe dueña y señora de las explosiones más profundas de Aureliano Segundo.

*Subdirector de Noticias del Canal Caracol.

 , Macondo, a través de dos mujeres, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/macondo-traves-de-dos-mujeres-articulo-677957, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

Paul Auster, o ese loco juego de escribir

Quería ser beisbolista. Sentir en la piel y dentro de un campo el suspenso-miedo-angustia-esperanza de lanzar un strike en el último inning del último juego de una Serie Mundial. Quería oír su nombre coreado por 50 mil o más fanáticos en el Yankee Stadium mientras él los saludaba con una gorra en la mano y una sonrisa de ¿vieron que podía?, después de haber humillado a Joe Dimaggio y Mickey Mantle, por ejemplo. O batear un home run con las bases llenas.

Sin embargo, se quedó en el asfalto, y desde allí inventó personajes desolados que querían acabar con el mundo, detectives por azar, asesinos por convicción, magos por necesidad, tramas que lo envolvían desde su humor, álter egos y niños fantásticos que aprendieron a volar. Desde allí y con un lápiz, siempre con un lápiz, creó un juego de mesa de béisbol para sobrevivir, una novela policíaca estructurada por innings, outs, bolas y strikes a la que tituló Squeeze Play, y un pitcher de los St. Louis Cardinals a quien intentó suicidar.

Pero él quería ser beisbolista. Amaba a los jugadores. Podía morir por ellos.

Una tarde de 1955 se encontró de frente con Willie Mays en el estadio de los Gigantes, que por aquellos tiempos eran de Nueva York. Paul Auster era apenas un niño de 8 años. Vio a Mays recostado contra una barda. Lo vio inmenso, negro, sobrepoderoso, un hombre que era mucho más que un hombre. Le pidió un autógrafo. Mays le preguntó si tenía un lápiz para firmarle.

Él buscó, pero no encontró entre sus ropas nada. Indagó con su padre, con los adultos que estaban por ahí. Nada. Nadie tenía ni lápiz ni pluma. Mays aguardó 20, 30 segundos. Un minuto. Miró a lo lejos. Observó al niño. Se encogió de hombros. Por fin, le dijo “Lo siento, niño”. “Si no tienes lápiz, no puedo darte un autógrafo”. Y entonces —escribiría con los años Auster— se fue caminando, fuera del campo, hacia la noche.

“Después de esa noche, comencé a cargar un lápiz conmigo a cualquier sitio que iba. Se convirtió en mi hábito nunca dejar la casa sin estar seguro de llevar mi lápiz en mi bolsillo (…). Si algo me han enseñado los años ha sido esto: si hay un lápiz en tu bolsillo, existe una buena posibilidad de que algún día te sientas tentado a usarlo. Como me gusta decirle a mis niños, así fue como me convertí en un escritor”.

Y fue escritor antes de haber escrito siquiera un par de cuentos. Fue escritor porque una tarde, tendría 14 años, en un campo de verano cerca de Nueva York, una tormenta lo agarró en pleno bosque con algunos de sus compañeros. La única salida era pasar por debajo de una cerca de alambre. Todos se turnaron. Auster iba detrás de un niño silencioso y retraído llamado Ralph, pero Ralph jamás atravesó porque un rayo le cayó encima. “Sólo tenía 14 años, después de todo, ¿qué podía saber? Nunca había visto un cadáver (…) No pensé en que había estado justo al lado de él cuando ocurrió. No pensé “uno o dos segundos y hubiera sido yo” (…) 34 años después todavía lo recuerdo. Y sus ojos mitad abiertos, mitad cerrados. También recuerdo eso”.

Fue escritor cuando se negó a asistir a su propia ceremonia de graduación en 1964 porque se fue a viajar por Europa, y se pasmó en y con Dublín. Allí estaban las calles y plazas y casas que James Joyce había caminado y descrito. Lloró. Devolvió el tiempo muy a su manera. Fue Joyce, y como Joyce (Retrato de un artista adolescente), sintió que el primer instante de la eternidad en el infierno duraba lo que un pájaro tardaría en trasladar la arena de la mitad del mundo hacia la otra mitad, grano tras grano. Entonces comenzó a escribir. Frenético, desaforado, febril. Y fue a mil editoriales y mil veces lo rechazaron. No tenía ni para su propio entierro pero igual, escribía y retornaba al béisbol, pues sólo entre letras y bates podía evadir aquella realidad, que a los 30 años, lo masacraba.

Quiso salir de su cuasi indigencia con un juego de béisbol que surgía de unos naipes. Pitchers, catchers, shortstops, fielders, umpires, managers y público y estadio y campo, todo en unas cartas. Nadie se lo compró. De todas formas, él seguía yendo y volviendo, y jugaba y escribía. Una mañana de esas de domingo, muy temprano, sonó el teléfono. Auster se había acostado tarde. Había escrito cosas como “Algo sucede y, desde el momento en que empieza a suceder, nada puede volver a ser lo mismo”. Le informaron que su padre había muerto. Nada podía volver a ser igual. Pese al dolor, a Paul Auster le cambió la vida la muerte de su padre porque le llegó una herencia que fue un milagro y con ese dinero se compró dos años para escribir.

Y escribió de mil cosas y de béisbol, y se inventó sus inverosímiles personajes. Y un día tecleó lo que siempre había querido teclear: “Mientras los Cardinals ganaran, algo iba bien en el mundo y no era posible caer en la desesperación total”. La frase la puso en boca de Walt Rawley, Mr. Vértigo, un desbordado fanático del béisbol, el niño que quiso y pudo volar y a los 13 años, cuando comenzó a ser adolescente, pesó más y más que la gravedad que había vencido y no pudo ser quien fue nunca más. Como Auster con la muerte de su compañero.

El niño, ya adulto, conoció una tarde a su ídolo, Dizzi Dean, y en vista de que percibía su declive desde el gran pitcher que había sido, quiso convencerlo de que se metiera un tiro. Dean lo creyó demente, claro. “Cuando un hombre llega al final del camino, lo único que realmente desea es la muerte”, le dijo, y después lo remató con un “deja que te mate y los últimos cuatro años quedarán olvidados. Volverás a ser grande. Serás grande para siempre”. El tipo se salvó porque su mujer lo encontró. Rawley le apuntaba con un revólver. Fue a prisión unas semanas por intento de asesinato. Paul Auster lo salvó en su máquina de escribir, con el último out del último inning.

 

, Paul Auster, o ese loco juego de escribir, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/paul-auster-o-ese-loco-juego-de-escribir-articulo-678015, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

El cine francés homenajea a George Clooney con César honorífico

“El actor más carismático de su generación, George Clooney encarna ese glamur de Hollywood característico de las grandes estrellas de cine. Su encanto, su humor, su personalidad y su compromiso motivan nuestra perpetua y eterna admiración”, indica la Academia en un comunicado, que destaca que entregará este premio “en homenaje a su talento deslumbrante de actor, director, guionista y productor”. George Clooney, de 55 años, ha recibido múltiples recompensas, entre ellas el Óscar al mejor actor de reparto por “Syriana” en 2006, y un Óscar a la mejor película como productor por “Argo” en 2013.  También recibido dos Golden Globe al mejor actor, por “O’ Brother” de los hermanos Coen en 2001 y “Los descendientes” de Alexander Payne en 2012.Famoso tras su papel en la serie televisiva “Urgencias”, ha rodado en seis ocasiones con Steven Soderbergh, entre ellas “Ocean’s Eleven”, “Ocean’s Twelve”, “Ocean’s 13” y “Solaris”, y cuatro veces con los hermanos Coen (“O’Brother”, “Crueldad intolerable”, “Burn after reading” y “Ave, César!”). En 2016, fue el actor estadounidense Michael Douglas quien recibió el César honorífico, después de Kevin Costner en 2013, Scarlett Johansson en 2014 y Sean Penn en 2015., El cine francés homenajea a George Clooney con César honorífico, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-cine-frances-homenajea-george-clooney-cesar-honorifi-articulo-677999, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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