Uno a uno, contar los árboles del país

En un país donde más del 50 % de su territorio continental e insular está cubierto por bosques y las noticias hablan más de incendios y de deforestación que de lo que realmente estamos perdiendo como nación, ya era hora de empezar a conocer de manera sistemática y organizada qué es lo que ocurre allí, bajo el dosel, cuáles son los árboles que allí crecen, cómo lo hacen, cómo son esos ecosistemas y cómo los utilizan las comunidades que viven bajo su sombra.

Saberlo no es útil solamente para los ambientalistas; sirve para gestionar políticas públicas en agricultura y comercio por ejemplo, o para calcular el carbono que emiten, negociarlo a nivel internacional y saber hasta qué punto Colombia puede asumir compromisos para su conservación.Investigadores y habitantes de los bosques han empezado a identificar sus árboles y clasificar estos ecosistemas colombianos, registrar sus características fundamentales como su extensión y ubicación, el tipo de bosque de acuerdo con los árboles que allí se encuentran y las condiciones en las que están, entre otros. Para hacerlo han cruzado territorios difíciles, a lomo de mula, en canoas, muchas veces en largas y extenuantes caminatas, para llegar a aquellas parcelas que fueron definidas como representativas de estos ecosistemas. Son ellos los que ‘abrazan’ los troncos de los árboles para medir su diámetro, usan gps para ubicar la posición exacta de las diferentes especies, toman muestras de la madera en descomposición y del suelo que luego envían a laboratorios para su análisis, y de hojas, tallos y flores que van a parar a los herbarios para su estudio y comparación con los existentes.

Así, desde 2015, en el marco de la estrategia para levantar el Inventario Forestal Nacional (IFN), liderado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), con recursos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS), ya se ha adelantado el trabajo en el 15 por ciento de las áreas seleccionadas. Para el 2018 se espera tener el ciento por ciento inventariado y a partir de allí, cada cinco años se volverán a medir las características de las parcelas para inferir cómo han cambiado, qué especies son nuevas y cuáles han desaparecido.

La idea ronda desde principios del siglo… pasado

La idea de inventariar los bosques viene de 1919, con la Ley 119 sobre explotación de bosques nacionales. Casi un siglo después, el Ideam y el DANE asumen el reto de empezar a diseñar cómo hacerlo, y en 2009 el Grupo de Bosques del Instituto publica un documento con el paso a paso para lograrlo. Solo en 2015 María Saralux Valbuena, subdirectora de ecosistemas e información ambiental del Ideam, inicia su implementación de la mano de sus institutos de investigación científica hermanos, como el Sinchi del Amazonas, el IIAP del Pacífico y el Humboldt, que se ha encargado de las regiones Caribe, Andina y Orinoquia.

Empezaron por revisar la información existente, consultaron estudios desde 1950 y de los más recientes, entre 1990 y 2014, identificaron alrededor de cinco mil parcelas distribuidas por todo el territorio colombiano, donde se han realizado investigaciones puntuales, más de 100 proyectos asociados a inventarios de bosques. Ahora, con una metodología única para capturar datos, el IFN podrá entregar resultados “comparativos, consistentes y confiables”, de acuerdo con el director del Ideam, Ómar Franco. “Esta es una segunda expedición botánica con mano de obra colombiana, con gente de los institutos caminando cada uno de los ecosistemas que tenemos en el país. Es una obra titánica”, puntualizó.

Primeros hallazgos

Ese 15 por ciento de bosques visitados en 67 municipios y 26 departamentos ha entregado ya información valiosa. Por ejemplo, 121 de las 8.779 muestras biológicas obtenidas hasta ahora corresponden a nuevos registros para el Catálogo Nacional de Plantas y Líquenes de Colombia, la mayoría del Amazonas. Se han identificado 24 especies amenazadas, 44 endémicas –exclusivas del país– y 446 especies en el Amazonas que tienen algún tipo de utilidad, como alimento, medicinal, de uso artesanal, para combustible o para forraje, ornamental o maderable.

Son seis mil millones de pesos que el Minambiente y el Ideam han invertido, y se espera que con los resultados obtenidos en esta primera etapa se asignen fondos de cooperación internacional.Científicos y comunidades trabajan juntos

Más de 300 coinvestigadores, pertenecientes a las comunidades de los territorios inventariados han participado en las salidas de campo. “Esa es la huella social del Inventario”, dijo Franco. “Nunca llegamos a los territorios a tomar muestras; primero hacemos una identificación de las comunidades que están allí y socializamos el proyecto”.

Para lograr la confianza de los habitantes del lugar, “el secreto ha estado en la Amazonia y el Pacífico con los institutos (de investigación) que son reconocidos, los respetan, los aprecian, y son ellos los que han abierto los espacios. Esa ha sido la mejor estrategia”, complementa Valbuena. Además agregó que en concepto del Ministerio del Interior, el Ideam no necesita adelantar procesos de consulta previa para hacer el IFN “porque es una labor misional del instituto”.

En esta alianza, los miembros de las comunidades son los que conocen su territorio, las especies y su dinámica. Al lado de los investigadores aprenden técnicas de muestreo, toma de datos y formas de preservar las muestras. Franco aclaró que si bien la información que están encontrando es pública, “en ciertos casos se aplicará una restricción asociada a las coordenadas de una especie forestal que sea de interés para las comunidades”. Hasta ahora son 31 las comunidades étnicas con las que han trabajado en seis territorios de consejos comunitarios, 14 resguardos indígenas y 20 territorios colectivos. Así se hará para todo el país.

William Klínger, director del IIAP, dice que entre las ventajas del IFN está el “garantizar que la información que levantamos allí constituya una opción productiva real para que la gente tenga mejor bienestar colectivo”.

“Entre más apropiación haya y más certidumbre tengamos de para qué hacemos este inventario las comunidades van a saber que allí tienen un futuro enorme y una capacidad de generación de sus propios recursos”, remató Franco.

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Jose Raul Lopez Daza

El otro lado de las historias

En los años sesenta y setenta la utopía de alcanzar el socialismo movilizó a buena parte de la juventud universitaria: la gesta de los barbudos en Cuba y de los sandinistas en Nicaragua llevó a la gente a pensar que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Soñamos que vendrían por el mar, la más reciente novela de Juan Diego Mejía, relata los momentos memorables de la militancia política y artística de Pável, un joven que conoce en carne propia la ilusión y el desencanto de los sueños izquierdistas.

¿Cuál fue el génesis de “Soñamos que vendrían por el mar”? ¿Cuál es su procedimiento de escritura narrativa?

Esta novela trata un tema que me persigue desde hace 35 años, cuando escribí mis primeros cuentos como una manera de empezar a sacarme los recuerdos frescos de una experiencia de militancia en la izquierda en los años 70. Ahí está el origen de esta obsesión. Luego escribí cuentos y dos novelas que tratan este mismo tema.

Después de darle tantas vueltas al asunto, sentí que ya estaba listo para escribir la versión final de este libro tantas veces escrito. Entonces no hice uso de ninguno de mis hábitos de escritura, no planifiqué el texto, solo sabía que tenía una idea de un grupo de muchachos que querían hacer la revolución y por muchos motivos ese plan fracasa, entonces empiezan el desamor, la desmovilización, el regreso a lo que son originalmente. Y me senté a escribir sin preámbulos. Las imágenes empezaron a salirme al paso, los personajes se alinearon y la historia fluyó. Debo decir que durante estos once meses de trabajo final estuve siempre temblando de miedo.

El narrador protagonista combina la pasión por el teatro con los sueños de izquierda de los setentas. Vistos desde la distancia del novelista, ¿qué tanto tiene la novela de ajustes de cuenta con su generación?

No creo que la expresión “ajuste de cuenta con su generación” interprete los sentimientos del protagonista Pável ni los del autor. Preferiría hablar de una aceptación de que la soñada revolución no llegaría y que los sueños de ese grupo de jóvenes quedarían sin cumplirse. Esta mirada le permite a Pável buscar refugio en el arte y tratar de encontrar en el teatro una alternativa para seguir viviendo.

La novela, además, permite reconstruir la movida cultural de Medellín en los setenta: ensayos de teatro, bares llenos de poetas. ¿Qué tanto influyó ese ambiente en su formación como escritor?

Lo que ocurría en las ciudades colombianas en los años setenta fue fundamental para el resto de mi vida. Fue una época de amigos, de novias, de noches de bares y conspiraciones, de música, de teatro, de promesas eternas, de heroísmos, ¿cómo se puede olvidar todo eso y caer en una vida gelatinosa, sin emociones? La literatura me dio la oportunidad de explorar el pasado y amañarlo para recordarlo a mi manera.

En la novela, Pável viaja a la zona bananera y se encuentra un país muy distinto al suyo. Usted también, en su juventud, viajó por el país. ¿Cómo esa experiencia ha contribuido a formar su visión del país? ¿Hasta qué punto su trabajo literario se alimenta de ese periplo?

No tengo dudas de que en esos años conocí a Colombia completa y no sólo la parte que la vida me tenía reservada como una fatalidad. Viví en pueblitos muy pobres, sin las comodidades de mi mundo original, y tuve muy cerca a quienes después serían mis personajes literarios. Desde entonces miro el mundo con esos ojos ansiosos de conocer el otro lado de las historias.

¿Qué papel han jugado las artes en su vida? ¿Qué del cine y del teatro alimenta su escritura novelística?

El cine y el teatro me han ayudado a resolver, a través de la ficción, asuntos fundamentales en mi vida. El cine fue una metáfora de la fantasía en una novela anterior que se llama El cine era mejor que la vida. Y el teatro ahora me ayuda a enfrentar el problema del arte frente a la política. En mi caso debería hablar de literatura en lugar de hablar de Teatro, pero quería alejarme un poco de mis problemas personales y tratar de mirarlos en cuerpo ajeno. Pável me presta su anhelo de hacer teatro y sus dudas frente a la militancia política. Él se mueve a sus anchas en los escenarios y titubea en las discusiones ideológicas.

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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

Familias desplazadas por la violencia regresan a sus tieras para cuidar flora y fauna de sus regiones

Cerca de la finca donde vive Oracio Rivera han matado cuatro guaguas para comerlas o para venderlas. Cuando Oracio supo quién había matado a estos animales fue a buscarlo para pedirle que no los volviera a cazar, porque estaban perjudicando la alimentación del puma que habita la zona, y entonces este terminaba comiéndose el ganado de las familias de la región. “Le dio rabia y me dijo que todo eso era público, pero le dije que esa finca donde él estaba cazando es mía y que si no cuidábamos los animales que come el puma, este se va a seguir llevando al ganado”.  Oracio es un campesino que vive en zona rural de San Carlos, en Antioquia, con su esposa y con sus dos hijos. Regresaron en el 2009, después de haberse ido a Medellín por cuenta de la violencia.  “Me desplacé de estas veredas, nos fuimos 7 años y volvimos a la region a cultivar otra vez lo que nosotros sabemos. En la ciudad es muy difícil vivir porque no estamos acostumbrados al negocio, sino al campo. Nos fuimos por la guerra, por la violencia, pero volvimos porque el territorio de San Carlos es una zona que inclusive fue declarada territorio de paz. Está muy agradable vivir aquí, porque ya no hay violencia. Regresé sin complicaciones, todo estaba muy bueno, muy sano, llegué a la región con  amigos y hermanos y estuvimos destapando el rancho que estaba puro monte, bejuco y la teja podrida; con ayuda del municipio y muchas entidades, el programa de Familias en su tierra también nos ayudó a salir adelante y estamos viviendo en el campo, dando la batalla que es lo que nos gusta”. Cuidar el corredor por donde habita el puma también beneficia a la familia de Oracio, pues a cambio reciben un pago que puede estar entre 200 o 600 mil pesos, o incluso más, y lo reciben a través de la cuenta de Bancolombia denominada ‘Ahorro a la mano’.  Este monto recibido les ha permitido a varias familias invertirlo en su vivienda, en la alimentación o las necesidades básicas diarias. Este beneficio es recibido gracias al esquema BanCo2, que busca garantizar la sostenibilidad y supervivencia, tanto de habitantes como de felinos, y con el apoyo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Conservación Internacional y El Instituto Humboldt, la Corporación autonoma Regional de las Cuencas de los ríos Negro y Nare -Cornare- creó la línea Bio del esquema BanCO2, que apoya Bancolombia. Consiste en pagar a familias campesinas por la conservación de los bosques que conforman los corredores biologicos del felino. “Una de las claves es no matar a los animales salvajes que son alimento del puma, como ardilla guacharaca. Yo le digo a la gente que no le haga daño a estas especies”, cuenta Oracio quien también pasa los días sembrando y recogiendo café.  “Agradecemos a Banco2, porque es un gran esquema que piensa en las comunidades que cuidamos los animales. Nosotros sabemos cuidar nuestra fauna y flora para beneficio de todos”, puntualiza este campesino. , Familias desplazadas por la violencia regresan a sus tieras para cuidar flora y fauna de sus regiones, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/familias-desplazadas-violencia-regresan-sus-tieras-cuid-articulo-663342, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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Jose Raul Lopez Daza

Banqueros del medio ambiente

Su vida está atada al campo porque allí nacieron, de esas tierras que labraron con dedicación los expulsó la violencia y a ellas regresaron a pesar de las balas, la pobreza, la soledad. Volver a empezar no fue fácil, pero 961 familias de las áreas rurales del país se atrevieron a soñar en grande y hoy, orgullosas, se proclaman como guardabosques de ecosistemas que bajo su protección han encontrado un mecanismo para sobrevivir. La iniciativa fue bautizada BanCO2 y en palabras simples consiste en el pago por el cuidado de los servicios ecosistémicos, es decir, por cuidar los recursos naturales y en cierta medida mitigar el impacto que sobre ellos tiene la actividad humana (huella de carbono). La idea, de la que Bancolombia es un aliado estratégico, es ejecutada por diferentes corporaciones y entidades con presencia a lo largo y ancho del territorio nacional. Los 23 de cada mes, los campesinos vinculados a este proyecto reciben una contribución monetaria por su labor, por proteger una riqueza natural fuente de vida, unas bóvedas invaluables. La notificación de la consignación del dinero les llega a su celular sin necesidad de que sea un smartphone ni que tengan un plan de datos. En la cuenta Ahorro a la mano, de Bancolombia, pueden consultar el saldo sin siquiera consumir minutos y ahorrar hasta $5 millones, además de acceder a beneficios como  seguros de vida y hospitalización. Pero más allá de lo que significa este ingreso para su proyecto de vida, Natalia Moreno Londoño, comunicadora de la corporación Masbosques, explica que se trata de una unión de esfuerzos para sensibilizar a las comunidades sobre la importancia de la conservación de los recursos que los rodean y a las personas naturales y empresas, del impacto de su huella de carbono. “De la mano del esquema BanCO2 he aprendido a amar el bosque. Antes lo talaba, ahora entiendo lo que significa para nuestras vidas”, cuenta María Camila Escobar, guardabosques de los ecosistemas de la vereda Popal, en San Luis, Antioquia. Un sentimiento que comparte la familia Cárdenas, aunque en su caso ese amor por la naturaleza germinó desde que eran niños y soñaban con convertir la conservación de los bosques en una fuente para su sustento. Estos seis hermanos tuvieron que abandonar en el 2000 su hogar y desplazarse hacia el corregimiento de Doradal. Tras cuatro años de dificultades consiguieron comprar un lote en la vereda La Hinojosa. A punta de plátano y yuca subsistieron hasta que lograron transformar este terreno en una reserva natural de quince hectáreas, ocho de bosque nativo. La vinculación a BanCO2 fue el impulso que necesitaban para garantizar que su proyecto no muriera. Y lo lograron con creces, pues hoy son un referente del ecoturismo en la región con actividades como el avistamiento de aves y caminatas ecológicas. Edison Arboleda y Lorena Duque también han visto transformada su realidad gracias al esquema BanCO2. Con el ingreso recibido por esta estrategia de pago de servicios ambientales realizaron la restauración vegetal de trece hectáreas de un predio en la vereda Las Camelias, en el municipio de San Carlos, Antioquia. En la Reserva Zafra, como lo bautizaron, hay cultivos de café orgánico, apicultura, piscicultura y los productos que no brotan de la tierra para satisfacer las necesidades de sus visitantes los adquieren con productores locales para darle un impulso a la economía regional. Offer de Jesús Sánchez es otro de los miembros de este ejército de protectores del ambiente o vigías de los bosques, como él mismo quiso llamar a su labor. Vivía en San José del Guaviare, pero los grupos armados ilegales con presencia en la zona incendiaron sus cultivos y lo privaron de la libertad. Rehizo su vida en Cubarral, Meta, en donde hoy disfruta de una cotidianidad tranquila y de la satisfacción de aportar un granito de arena a la conservación del medioambiente., Banqueros del medio ambiente, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/banqueros-del-medio-ambiente-articulo-663339, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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Jose Raul Lopez Daza

Un corredor natural para proteger a los pumas en Antioquia

La naturaleza se mueve a través de ciclos y círculos perfectamente equilibrados, que autorregulan la supervivencia de especies de fauna y flora. Pero, en muchos casos, la presencia humana ha afectado la estabilidad de estos procesos, lo que influye en la vida de animales y plantas, que termina por afectar a la especie humana. Es el caso de municipios de Antioquia en los que pumas y jaguares han llegado muy cerca de zonas habitadas por el hombre, para cazar ganado, lo que ha afectado este renglón económico de la población. La causa es tan sencilla de explicar, como difícil de combatir: en su necesidad por colonizar para cultivar, los habitantes de municipios en Antioquia como San Carlos, San Rafael y San Luis van talando árboles y bosques enteros, lo que desplaza las especies nativas que, a su vez, son el alimento para pumas y jaguares; estos, al verse sin comida, llegan a las fincas de la zona a comerse el ganado que allí encuentran. Ante esta ‘amenaza’, los campesinos persiguen a los felinos hasta matarlos. Se pueden presentar incluso 20 ataques registrados al año, aunque no todos son reportados. La conclusión: un desbalance del hábitat natural. Para garantizar la sostenibilidad y supervivencia, tanto de habitantes como de felinos, y con el apoyo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Conservación Internacional y El Instituto Humboldt, la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare -Cornare- creó la  línea Bio del esquema BanCO2, en la que se les paga a familias campesinas por la conservación de los bosques que conforman los corredores biológicos del felino. Esta causa es apoyada por Bancolombia, que, además facilita el pago a las familias a través del programa ‘Ahorro a la mano’.  En ese esquema participa José Daniel Osorio y su familia, habitantes de San Carlos. “La zona donde vivo es de montaña, en medio de la Cordillera Central que baja hacia el río Magdalena. Aquí nacen quebradas y ríos, que nos permiten tener especies tanto de peces, como variedad de aves nativas…tucanes, pajaritos endémicos, colibríes o el Carpintero bonito. Teníamos árboles nativos que terminaron siendo explotados para producir madera, lo que hizo que el puma perdiera especies para alimentarse”, cuenta José Daniel.  Y agrega: “El puma se come el ganado porque se ha eliminado el bosque para abrir potreros y los mamíferos del monte se van. El felino no agrede al humano, porque ve en él un peligro”.  José Daniel y su familia comprobaron que su territorio es un corredor natural para el puma, al evidenciar huellas y pelo en zonas cercanas. Por eso, entraron a hacer parte del esquema de BanCO2. Para eso, deben aprovechar el espacio sin interferirlo de manera brusca; es decir, cultivan pero dejan espacio para que el felino se mueva tranquilamente y no tenga que ir a buscar alimento en el ganado de los campesinos. Pero no es fácil convencer a todos los habitantes de la región para que hagan lo mismo: “La gente se molesta muchas veces cuando les decimos que estamos protegiendo al puma y no comprende que si el felino está acabando con el ganado es por la invasión humana a sus territorios. Cuando llegamos a vivir acá, lo primero que nos aconsejaron fue abrir potrero para tener ganado, pero nosotros queríamos encontrar un sustento sin afectar el ecosistema y hoy tenemos producción de miel, gracias a las abejas africanas”.  Además, tienen un proyecto de agricultura orgánica y están por levantar su vivienda a partir de una bioconstrucción con guadua, piedra y barro. “Vivimos en una montaña a dos horas del casco urbano, donde no es sencillo transportar cemento u otros materiales, -explica José Daniel-. Hemos conocido de técnicas que se usan en Argentina o España, donde se usan procesos de construcción como los que empleaban los abuelos, que se puede además pintar y conservar una estética”. Y en este proceso, BanCO2 ha sido un apoyo fundamental, pues ha representado un importante soporte económico para cumplir el sueño de crear una vivienda a partir de la bioconstrucción, tener cultivos orgánicos y respetar su entorno natural y animal. , Un corredor natural para proteger a los pumas en Antioquia, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/un-corredor-natural-proteger-los-pumas-antioquia-articulo-663334, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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Jose Raul Lopez Daza

Prisas (El Caminante en video)

Prisa porque hay que dormir y descansar y prisa porque hay que levantarse y arreglarse con prisa para no llegar tarde. Prisa en la calle, en el paradero, en el bus, en el ascensor. Prisa porque el computador no enciende y hay un tictac, tictac que nos persigue, y prisa por enviar un mensaje para decir que tenemos prisa y no podemos perder tiempo. Prisa por enviar un dinero para que nos llegue la confirmación a toda prisa, y prisa por ir a una reunión para que se acabe a prisa.

Prisa por ir al cine y prisa porque se acabe la película. Prisa por enamorar a la mujer de los sueños y prisa para besarla y prisa, luego, para olvidarla, y que la historia vuelva a repetirse a toda prisa. Prisa para que se acabe el año y comience el otro, y prisa para que sea mitad de año, y prisa para salir de vacaciones, y prisa para llegar al avión y prisa para ver el mar y prisa para dormir. Prisa para que llegue la quincena y haya plata para pagar las cuotas del carro que ya no va tan de prisa como antes y habrá que cambiarlo un día de estos, y prisa para que salga el nuevo celular que permitirá comunicaciones una décima de segundo más de prisa. Prisa por acabar un libro porque hay otros libros por ahí que son explosivos tictacs, tictacs, y leamos de prisa aunque no entendamos nada para decir de prisa que leímos un libro más.

Prisa para dejar de ser niños, y más tarde, adolescentes. Prisa por ingresar a una universidad, y luego el grado y el posgrado y la maestría, prisa por acumular cartones y diplomas para llegar, con prisa, a un trabajo, y ascender en una escala diseñada por humanos para producir “bienes” que le darán a la vida más prisa. Prisa por formar una familia e inculcarles a los niños nuestras mismas prisas.

, Prisas (El Caminante en video), http://www.elespectador.com/noticias/cultura/prisas-el-caminante-video-articulo-663271, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental

Dicaprio y su documental sobre cambio climático

Hablar de cambio climático puede terminar en dos cosas; en una discusión acalorada sin fundamentos científicos, liderada por el apasionamiento e infundada por el pesar de ver morir a los osos polares; o sencillamente en ignorar la conversación y seguir viviendo en un mundo paralelo donde eso de la sobre población y los problemas de agua ocurren a miles de kilómetros.

Entonces llega el amor platónico de muchos, Leonardo Dicaprio, y nos baja de la nube de un golpe, diciendo que esto del cambio climático es serio, que hasta él que ha llevado una vida plena y con todo a su disposición, ha decidido emprender una lucha sin tregua para que nosotros, los jóvenes, entendamos que el mundo puede acabar, que no es broma ni una discusión ‘light’ entre activistas locos, hippies y desocupados.

DiCaprio ha dedicado 15 años de su vida a investigar y conocer más sobre las problemáticas ambientales, enfocándose en el Cambio Climático. Desde hace tres emprendió su viaje alrededor del mundo, acompañado por Fisher Stevens, para registrar lo que muchos aún no creen, que este planeta está agonizando, que nosotros somos el problema, pero que también somos la única solución.

Bajo esa premisa, uno queda más confundido que antes, ¿cómo algo que causa el problema, es la solución? La respuesta es simple, si hemos agotado cada rincón de la tierra para el beneficio de algunos, explotado los recursos sin medida, procreado sin control y causado la extinción de cientos de especies animales y vegetales; entonces debemos estar dispuestos a parar, pensar y tomar decisiones que disminuyan el impacto ambiental. Suena fácil, pero no lo es ni lo será. Esto implica sacrificio y, no es que seamos la especie más destacada por su cooperativismo, sino pues vea dónde estamos.

¿Qué hacer? Esa es la principal pregunta cuando uno pone el tema entre amigos y familiares; y esa es la misma preocupación que ha motivado al Embajador de Paz de Las Naciones Unidas a realizar el documental ‘Antes Que Sea Tarde’. La palabra documental, ya espanta a más de uno, que ve en este género un espacio que lo deja con el corazón desgarrado y queriendo ir a salvar ballenas de los barcos japoneses, pero sin una solución real. Sin embargo, DiCaprio plantea soluciones claras que van desde lo político hasta lo económico.

Y es que en los últimos años el tema de los documentales ha cambiado, ya no es un video contando cómo nacen, crecen, se reproducen y mueres diferentes especies; sino cómo podrían dejar de existir sino paramos nuestras acciones diarias, desde ahorrar agua y energía, hasta dejar el consumo de carne por su efecto, no sólo con gases de efecto invernadero, sino por la tala indiscriminada de árboles para cría de ganado. O dejar los combustibles fósiles (un tema ni pensado en Colombia) para darle paso a las energías renovables, que mucho funcionarían en territorios como la costa caribe que sufren por cortes de energía, pero ignoran que el sol es la mayor fuente de todas.

Para mi el cine es sin lugar a dudas la herramienta más certera para llevar un mensaje y generar un cambio de pensamiento. No existe nada más efectivo que mover a otro desde la sensibilidad, desde la compasión y luego desde la razón. Antes Que Sea Tarde es la mezcla de eso, es sensibilizar con imágenes a los asistentes y empoderarlos con argumentos científicos de la necesidad de un compromiso ambiental serio, que debe trascender el cerrar la llave mientras se cepilla los dientes, a tener conciencia de los productos que consume y el político que elige.

*Comunicadora Social, apasionada por el medio ambiente, Directora de@PlanetOn_Co 

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Jose Raul Lopez Daza

Un sábado cualquiera en Chocó

El sábado, un grupo de congresistas de diversos partidos, junto con líderes del Chocó y dos organizaciones ambientales, WWF y Foro Nacional Colombia, realizaron un sobrevuelo y un recorrido en lancha por algunos ríos de Chocó para apreciar la magnitud del desastre ambiental que están provocando los mineros ilegales.

“Se ha oído de la depredación de la minería criminal, pero cuando uno la ve con sus propios ojos, queda en shock”, escribió en su cuenta de Twitter el senador Antonio Navarro, uno de los que participó en la visita.

El grupo lo completaban Carlos Guevara, del Partido Mira; José Flórez, del Partido de la U; Nidia Osorio, del Partido Conservador; Inti Asprilla, del Partido Alianza Verde, y Víctor Correa, del Polo Democrático Alternativo. La minería ilegal y los daños ecológicos irreparables que está provocando en el país hicieron que los líderes políticos de partidos tan diversos coincidieran en que es urgente unir esfuerzos para combatirla.

“Indignante como la minería ilegal está acabando con la selva del Chocó ante los ojos de todas las autoridades”, comentó Guevara, del Partido Mira, por redes sociales.

Representantes del Foro Interétnico Solidaridad Chocó (Fisch), que aglomera a 68 organizaciones comunitarias, expresaron sus preocupaciones por el avance a toda máquina de decenas de retroexcavadoras y “dragones” (balsas con motobombas) sobre los ríos del Chocó.

Aunque el Gobierno nacional ha dado muestras de querer combatir el problema, las buenas intenciones se han estrellado con leyes que no permiten acciones efectivas de la Policía, el Ejército y las instituciones judiciales. Por esta razón, la semana pasada el mismo Gobierno presentó un proyecto de ley que busca nuevas armas jurídicas y policiales para combatir la minería ilegal.

Uno de los militares a cargo de operaciones en la zona explicó que, mientras un kilo de coca se exporta por seis millones de pesos, y es ilegal, un kilo de este oro llega a costar $80 millones y es legal una vez está en el aeropuerto.

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Jose Raul Lopez Daza

Se busca la cama que inspiró "El dormitorio en Arlés" de Vincent van Gogh

La cama que se hizo célebre por la pintura “El dormitorio en Arlés” de 1888 de Vincent van Gogh podría estar extraviada actualmente en una casa o desván en una ciudad holandesa pequeña. (Leer Hallan en Italia dos cuadros de Van Gogh robados hace 14 años).

El historiador experto en Van Gogh Martin Bailey dijo este domingo que la cama donde durmió el artista cuando vivía en la ciudad francesa de Arlés podría haber terminado en una casa en Boxmeer, un municipio holandés cercano a la frontera con Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. (Leer también Documento inédito revela la verdad sobre la oreja que se cortó Van Gogh).

Bailey se basa en su descubrimiento de una carta escrita en 1937 por el primo del artista, Vincent Willem, en la que cuenta que sigue teniendo la cama de su famoso tío, que se suicidó en 1890.

“Ésta fue una carta clave que demuestra que la cama sobrevivió y fue llevada a Holanda”, dijo Bailey al canal de televisión público NOS.

“Fue una verdadera sorpresa para mí. Esto tampoco era conocido por los estudiosos de la obra de Van Gogh”, contó Bailey.

El experto contactó a Johan van Gogh, el hijo más anciano del primo del artista, “y, para mi gran sorpresa, recordaba la cama”.

Johan van Gogh, de 94 años, dijo que la cama fue abandonada en la casa de su padre en Laren hasta 1945 y luego enviada a Boxmeer, a unos 120 kilómetros al sur, como parte de una donación para ayudar a los holandeses que habían perdido sus pertenencias durante la guerra.

Ayudado por un colega, Bailey encontró una foto del camión que trasladó el mueble de Laren a Boxmeer.

“Esa fue la última pieza del rompecabezas. No hay dudas de que la cama terminó en Boxmeer”, dijo Bailey.

“Por supuesto, la pregunta que más nos intriga es: ¿dónde está ahora?”, dijo el experto, quien admite que la cama puede haber sido sin querer tirada en algún lado.

Van Gogh pintó tres versiones de “El dormitorio”. La de 1888 está colgada en el museo de Van Gogh en Ámsterdam, mientras que las otras dos fueron pintadas en 1889 y se exhiben en el Instituto de Arte de Chicago y en el Museo d’Orsay de París.

En respuesta a Bailey, el museo Van Gogh comentó: “Sería interesante si se encuentra la cama”. Y agregó: “seguiremos de cerca las investigaciones”.

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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental